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Julia Príncipe: no se oye padre

“Mantilla ¡Lealtad!, Chinguel ¡Lealtad!, Cuba ¡Lealtad!, Luyo ¡Lealtad!, Navarro ¡Lealtad!, Julia Príncipe “No se oye padre"

Publicado: 2017-02-25

En lo que constituye la certificación de la quiebra moral de la argolla que ha confiscado el APRA, Jorge del Castillo, eslabón notorio de una de sus facciones, apremiado y cercado por las circunstancias declaró en fecha reciente: “o nos unimos o nos hundimos todos”. Si algo faltaba para homologar al APRA con el podrido PRI mexicano, la declaración de Jorge del Castillo satisface ese requisito.  

El lubricante y el engrudo

La corrupción en México no es un hecho extraño, una flor exótica. Por el contrario, para Alan Riding, periodista británico autor de Vecinos Distantes es un hecho inherente al sistema y a su feliz reproducción. Para ello, dos características básicas la hacen funcional: servir como lubricante y servir como engrudo; y es por eso un hecho ya enraizado en su cultura. Estudiar y describir sus características significó para Alan Riding, hacerse merecedor del odio de los dominantes de México. Y no es que estemos ya como los mexicanos. Al menos no nos ocurre aún eso de: 

-¿Qué hora es?

- ¡Las que usted diga señor presidente!

Cierto, no aún. Pero que estamos muy próximos, nadie lo duda. Ya no asombra la distancia entre la palabra y la verdad de los hechos. ¡Rata!, ¡ratas!, es el grito estudiado y melodramático, utilizado por el habilidoso Padrino para diferenciarse de los hasta hace muy poco, socios distinguidos y honorables. Y perder el asombro, la capacidad de indignación, parece ser el primero de los pasos necesarios para instalarnos con comodidad en los predios de la corrupción.

Que el honorable tío figure en la relación de coimeados: ¡minucias!, que el honorable tío haya contrabandeado nada menos que una joya cultural: ¡pamplinas!, que el juez que recibió las denuncias las haya archivado: ¡justicia divina!; que el superlativamente pagado rector de una universidad de cuestionable nivel disponga proveer de fondos a un reputado mastín: ¡envidia! Todo esto es el paisaje cotidiano de nuestra corrupción galopante.

Y es para sonreír cuando Julio Cotler con gesto grave, y con él, toda la comparsa de sociólogos liberales, pontifican sobre lo que ellos llaman “la desconfianza” del ciudadano promedio peruano, expresada en la frase “todos roban”. Es precisamente al revés Dr. Cotler: “Todos roban” más que expresar desconfianza, expresa el reconocimiento institucional a lo que ya se instaló entre nosotros: la corrupción. Y está muy próxima a la frase “la saben hacer”, que pronunciada a renglón seguido lleva implícita su valoración positiva. Así estamos. Y acaso puede haber algo más revelador en el desarrollo institucional de la corrupción, en la confianza de sus elementos constitutivos, en la seguridad de sus acuerdos, que la corrupción a crédito. Difícilmente se podrá argumentar en contrario. Y, cómo no recordar la célebre frase-síntesis de Pablo Macera “El Perú es un burdel” y su clara observación: no hay nada más ordenado que un burdel.

Know how de la corrupción

Observemos el notable caso de dos ilustres personajes que participaron en el Plan Perú Bicentenario, presentado por Alan García con ocasión de la campaña presidencial 2016, que perdiera tan elocuentemente: Edwin LUYO BARRIENTOS y Jorge Luis CUBA HIDALGO, ambos destacados miembros del citado Plan, en el área Infraestructura para el Desarrollo. Estas apostrofadas ratas eran unas ratas ilustradas y especializadas. Pues bien estos señores están inculpados de participar en actos de coima organizados por Odebrecht. Y lo que ya no asombra, es la distancia entre la fecha de comisión del acto delictivo y la fecha de su cobro. Así, tanto para Edwin Luyo Barrientos como para el ex vice ministro Jorge Luis Cuba Hidalgo, correspondió el siguiente registro:

Es decir, fue una coima con pago diferido. Y habrá uno de preguntarse ¿es esto posible? No será Dra. Julia Príncipe, que hubo algunos más iguales que otros, que además de dar confianza y tranquilidad a las rémoras, se llevaron el bocado del tiburón.    

Entonces, existe ¿o no? una correspondencia simétrica entre la corrupción existente en México y la que hoy se desarrolla a ojos vista en Perú. Aquí como en México la coima ya no es un sustantivo indiferenciado. La realidad ha establecido diferentes tipos de coima: ya tenemos la clásica “mordida” que los conductores sufrimos a diario y también –descubierta hace poco- tenemos “el embute” que es el aliciente que reciben los periodistas. Y si no tenemos los muertos a granel es porque tenemos la suerte geográfica de si ser vecinos distantes.

Que la coima lubrica (aceita) cualquier punto chirriante de fricción que se pudiera presentar en el trasiego burocrático (la tramitología: ¿cuánto de “embute” habrá merecido este concepto y su cantidad de crónicas?) es innegable, y que además funciona como engrudo en tanto une, suelda, pega, tranquiliza, jerarquiza, y les da forma de séquitos, capillas o mesnadas a los elementos que participan de esa actividad, también es innegable.

Por eso, el grito agónico de Jorge del Castillo: “uníos o nos hundimos” además de presuponer en la práctica ollas de engrudo, significa también la movilización de las correspondientes mesnadas para no perder un milímetro en los terrenos ya ganados en la lucha facciosa.

Mientras tanto el destacado abogado Guillermo Olivera grita a los cuatro vientos que esto no puede ser, que aquí hay gato encerrado, que por lo menos hay un roedor mucho más gordo, que pretende sombrearse y estará por ver, si esta vez el coro denunciante se hace escuchar. Por lo pronto, pareciera que la ex procuradora de lavados de activos y actual Presidente del Consejo de Defensa Jurídico del Estado, Julia Príncipe, sufre de sordera profunda.


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